Con cierta frecuencia vemos en los medios programas sobre operaciones de cirugía estética. A veces esmerados, con propósitos informativos o divulgativos, pero más a menudo exagerados y morbosos en que frecuentemente hay dos bandos que se enfrentan en un “a favor” y un “en contra” de la cirugía estética, reforzados por testimonios de personas operadas, otras pendientes de hacerlo o de otras que pueden haber sufrido diversos incidentes en operaciones,
A parte de rechazar el formato de estas producciones, con una maniquea diferenciación entre partidarios y detractores, sin términos medios (que los hay, pero que se hacen callar porque lo que interesa es el grito y la pelea, no el debate y la reflexión), me doy cuenta como todavía prevalece el desconocimiento y la desinformación, con una profusión de lugares comunes, medias verdades y malentendidos realmente preocupante.
En ningún momento se habla de salud, ni por parte de los pretendidos expertos, cuando los hay, generalmente partidarios absolutos del “si eres mayor de edad y puedes pagarlo, háztelo”, ni de los detractores, más ocupados en acusar a los favorables de ser sólo unos gregarios de la moda sin personalidad que de dar razonamientos, ni evidentemente de los partidarios acérrimos, seguidores de la modernidad y la libre elección.
Y el caso es que la cirugía estética es, fundamentalmente, una cuestión de salud. Es salud, entendida en el sentido más amplio, la que recuperan las personas a quien un defecto físico o estético condicionaba su bienestar. Pero también es salud la que pierden las personas que tienen la mala suerte de que los resultados de su operación no llenan las expectativas que tenían, sea por un accidente operatorio o porque esperaban más de lo que era posible conseguir.
La cirugía estética no es una cuestión de modas. Es cierto que cada vez es más segura y más sencilla, los resultados más previsibles y los riesgos menores. Pero eso no evita que en algunos casos, y todos hemos sabido de alguno, puedan haber auténticas desgracias. Por eso es tan importante tomársela seriamente, valorando todos sus aspectos, qué es lo que podemos ganar y lo que podemos perder.
La frivolización de la cirugía estética, el sentimiento de que es fácil y de resultados seguros, de que el triunfo personal está garantizado si tienes más busto, menos caderas o más labios, sólo interesa a aquellos personajes sin escrúpulos que han hecho de esta especialidad una simple actividad comercial. Esta es la mejor manera de que queden multitud de personas desengañadas, frustradas o resentidas porque no se cumplió aquello que les habían prometido o habían soñado, o que habrán de llevar cicatrices o secuelas que no esperaban.
Operarse de estética no es ni bueno ni malo. Tiene sus indicaciones, sus contraindicaciones y sus limitaciones. Por eso es importante un buen asesoramiento, tan lejos de la banalización como de la estigmatización, realizado desde la prudencia, el dominio de la especialidad y la honestidad profesional. Cuanta más información veraz tenga el paciente, más libremente podrá escoger y valorar qué puede esperar de una operación de estética.
Esta es la gran responsabilidad de los cirujanos plásticos: Velar porque la información sea clara, completa y si hace falta, cruda. I no olvide que el mejor médico no es el que no le habla de los posibles problemas, sino el que los tiene bien presentes para poderlos evitar.
Dr. Carlos Fernández Serra.
Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.
Barcelona