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REFLEXIONES SOBRE EL TURISMO DE BISTURÍ

Desde hace unos años hay una cierta expectación sobre las ofertas de viajes, con visita turística y operación de estética incluida, tanto desde España a algunos países sudamericanos como a la inversa, de países (generalmente de la Unión Europea o África) hacia nuestro país. En el fondo, el motivo es un ahorro importante en el precio final, debido a la diferencia de nivel económico entre los diferentes países. A mi no me extraña; sólo es una consecuencia más de la banalización de la cirugía estética que los sectores mas comerciales de esta actividad hace años que llevan a la práctica, a fin de que la sociedad acabe pensando que una operación de estética no es más compleja o peligrosa que una permanente o una sesión de rayos UVA y que la puede practicar cualquiera y en cualquier lugar.

Eso no es cierto ni siquiera en las técnicas menos agresivas (hablo de las infiltraciones para las arrugas, los peelings, el tan de moda Bótox, los tratamientos con láser, etc.). Día a día aumenta el porcentaje de pacientes con complicaciones, como son los desplazamientos de la sustancia inyectada, o su endurecimiento, o su infección, o la aparición de eczemas por alergia, los cambios de color de la piel o las manchas. Ni son tan inocuos, ni todo el mundo los sabe manipular.

Pero donde el peligro aumenta hasta niveles intolerables es en las operaciones quirúrgicas, las que necesitan bisturí, hacen herida y precisan anestesia. Estas operaciones no son únicamente el acto de cortar y coser; necesitan un tiempo y unas curas postoperatorias y unas condiciones de asepsia imposibles de mantener correctamente cuando no hay una buena preparación previa, o el postoperatorio se pasa sentado en un avión en un largo viaje de ocho o diez horas.

Así se encuentran después en los servicios de urgencia de los hospitales, en las clínicas y los ambulatorios personas con la herida del vientre o del pecho abierta, infectada y con un aspecto deplorable.

 Antes de ilusionarse con alguna de esas ofertas tal vez sería prudente hacerse algunas sencillas reflexiones. Por ejemplo, ¿Quién se hará cargo de mi postoperatorio, las curas, quitar los puntos, etc.? ¿Quién se responsabilizará del resultado, si al final no es tan bueno como se esperaba? ¿Quién me hará el seguimiento y me dará las instrucciones o dirigirá los tratamientos postoperatorios para obtener el mejor resultado? ¿Quién me podrá hacer los retoques que pueda necesitar? ¿Si las cosas van mal, a quién y en qué país reclamaré? ¿Me harán la operación y la anestesia correcta, o para disminuir riesgos y acortar la evolución me harán una operación “a medias”?. Porque será difícil y poco rentable embarcarse en otro viaje para pedir explicaciones por un resultado insuficiente o deficiente.

Y por encima de todo, la reflexión más importante: ¿En cuánto dinero valoro mi vida y mi salud? ¿Compensa el ahorro la falta de garantías y el riesgo?

Si todos estamos de acuerdo en que la salud es el bien más preciado, no seamos tan inconscientes de jugárnosla en una apuesta en la que lo desconocemos todo menos el precio. Es como pagar un viaje sin saber a qué país, en qué transportes, a qué hoteles y en qué condiciones te llevarán, y si te devolverán a casa. Puede salir bien una vez entre un millón.

Dr. Carlos Fernández Serra.
Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.
Barcelona

 


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