Vivimos en una sociedad cada vez más apresurada, rápida y cambiante. Nada parece ser definitivo, siempre hay a punto una nueva evolución, un nuevo modelo más efectivo, con más prestaciones. Aparatos más pequeños, automóviles más rápidos, ordenadores más potentes... Hemos creado la cultura de lo efímero, el mercado del cambio, la adoración de la novedad. Nada parece valioso si es de la temporada pasada.
La cirugía estética no podía ser diferente. En cincuenta años los cambios instrumentales y técnicos han sido vertiginosos, y su aceptación e implantación social imparable. Los niveles de fiabilidad y seguridad son asombrosos. Podemos tratar problemas que hace pocos años resultaban impensables, y tenemos medios cada vez más sofisticados y seguros. Cicatrices más pequeñas, técnicas menos agresivas, resultados más previsibles.
Día tras día aparecen novedades. Las operaciones para las arrugas faciales (los populares “lifting”) pueden hacerse en mucho menos tiempo, con unas cicatrices y un período de recuperación mucho menores; la cirugía de reducción mamaria admite cicatrices más reducidas; nuevas técnicas anestésicas permiten hacer más cómodos tanto el tiempo operatorio como el postoperatorio.
Pero no siempre la novedad es lo mejor. Y en el mercado sanitario resulta una imprudencia aceptar lo más nuevo sólo porque es lo más nuevo. Hace pocos meses vimos como unes prótesis mamarias eran retiradas del mercado (y de las personas que las llevaban) por su peligro para la salud, y cada vez es más intenso el debate sobre las consecuencias futuras de algunos materiales empleados en infiltraciones antiarrugas. Muchas mujeres operadas para reducir las mamas con técnicas de cicatrices mínimas se han encontrado con que les quedaban caídas, y muchas liposucciones con anestesia local no han dado los resultados prometidos.
Son las consecuencias de llevar a una actividad médica las conductas viciadas del marketing comercial: Anunciar como mejores procedimientos poco experimentados, sólo porque son más nuevos.
Como especialista en cirugía plástica, me informo permanentemente de todas las novedades técnicas para hacer mi trabajo mejor y más seguro. Y las pongo en práctica o las descarto después de un período de reflexión y de juzgar resultados y experiencias ajenas. Para que mi trabajo sea una actividad cada vez más sencilla y satisfactoria. Para ahorrar sufrimientos y mejorar resultados. Pero con mucho cuidado de no hacer falsas promesas, de no minimizar los riesgos y de no poner en peligro a mis pacientes con técnicas o materiales poco estudiados.
Porque, al fin y al cabo, no siempre las últimas novedades son las más adecuadas. En esta profesión, lo único que siempre ha de estar al día es el cirujano.
Dr. Carlos Fernández Serra.
Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.
Barcelona